En pleno corazón de la ciudad de Port Louis, encontrará este lugar donde se cruza gente de todo tipo, y se exponen artículos diversos.
Un caleidoscopio que reúne a los elementos más inoportunos.
Un foncionario con corbata, la camisa bien planchada pide le den un poco de soya. Turistas europeos se pasean, con sus paquetes habituales, cargando algunos un kilo de tomates en la mano. Muerden fruta, y comentan a cerca de su sabor. Se podrán ver también jovenes chinos , o empleados de fábricas hacer sus compras entre los habitantes del barrio, o hasta algunos marineros asiáticos que están de paso…
Ver a los portadores de frutas y verduras es una escena muy común en este lugar, de piel dorada y ropa usada, algunos cargando canastas sobre la cabeza. Este es el ambiente en la ruidosa y alegre sección del mercado de frutas y legumbes de la ciudad de Port Louis.
En un pequeño lugar dentro de la inmensidad del mercado, en un lugarcito « con aire acondicionado» se encuentran los snacks o las pastelerías, así como los vendedores de jugos de tamarindo y de« alouda » – un licuado local – quienes buscan robar la atracción a lo demás, los vendedores tratan de llamar la atención de los clientes de manera muy teatral.
¿Seria una casualidad si un vendedor de platanos vende también limones? Su puesto brilla de un color amarillo resplandeciente. Algunos puestos más adelante, se podrá ver a un vendedor de tomates, perdido entre las pirámides rojas, formadas por las frutas en diferentes fomas circulares.
Las verduras verdes, que constantemente se están regando, le dan un aire de delicadeza a los puestos tristes, austeros y polvosos de las papas, y de las cebollas. También se podrán apreciar ramas,o pedazos de corteza, que sirven para preparar infusiones, y poseen el poder de curar enfermedades incurables.
Aqui, los precios están correctamente indicados, contrariamente a lo que se hace en el piso superior, donde se encuentran los recuerdos y la ropa.
La parte de adornos y de recuerdos (souvenirs) es mucho más tranquila. Pero igual llama la atención con sus "batiks", sus camisetas con el dodo, ropa de playa floreada, paréos decorados, manteles hechos a mano, o los collares de flores. Se podrá ver curiosamente a tentáculos de pulpo que cuelgan al lado de canastas hechas en rafiam sin dejar de hablar del olor que desprende el pescado salado junto con los aromas de las otras especias.
Esta es la parte más visitada por los turistas. Y los vendedores parecen ser más atencionados también « Le hago un pequeño descuento« Es lo mismo que dirá el vendedor del puesto vecino. Parecerían amigos los dos, pero más bien son tenaces, listos a a pelear aunque fuera por vender una pulsera o un collar de conchas.
Los vendedores lo invitarán a inspeccionar, a descubrir lo que ellos venden, y claro está, a regatear el precio. Como es dificil conocer el valor real de las cosas, tendrá que fiarse a su instinto personal, Lo importante es que quede contento con la compra.
Es obvio que los artículos que comprará aquí serán más baratos que en los lugares turísticos como Grand Baie (en el norte) o Flic en Flac (oeste).
Texto : William Rasoanaivo
Fotos : Laurène Mazier y William Rasoanaivo
El « bazar de Port Louis » es uno de los más antiguos de la isla. Tiene ya más de 200 años. El bazar se encuontraba junto a la catedral de St Luis hasta el año de 1773. Al año siguiente, fue transferido cerca del teatro hasta que finalmente fué transferido al Jardín de la Compañía en 1816, donde fué también llamado como « mercado de la fortuna ».
En 1839 comenzó la construcción del mercado en la calle de Queen Street, donde se encuentra hasta ahora y el « bazar de Port-Louis » se instaló en 1845. Sobrevivió a dos incendios, en 1981 y en 1999. Este último fulminó la parte de las frutas y de las verduras. Pero en el año 2000 revivió, y vió nacer la parte de « Food court » para la fruta y las verdura y otro piso enteramente destinado a la artesanía.