Con los pies en la arena, los ojos sumergidos en el azúl cristalino de las lagunas, nos vamos al descubrimiento de la isla de Ciervos - Ile aux Cerfs. Particularmente llena de turístas, el lugar es muy frecuentado, pero a pesar de eso, se encuentran todavía lugares en los que podrá disfrutar de la tranquilidad y olvidar el tiempo: disfrutar de este paraíso plenamente.
Toallas, sombreros y lentes de sol, el bolso de la excursión marína está listo. Nuestro hotel deja la costa noroeste de la isla para dirigirse hacia Grande Rivière sureste, donde nos espera un barco para un bello paseo de todo el día en el mar.
Después de una hora de camino, llegamos a la costa sureste. Esta costa es mucho más salvaje que la costa norte. Pasamos pueblo trás pueblo. Por fin llegamos al modesto desembarcadero de Grande Rivière sureste donde nos esperan Juanita y Jess, nuestras guías. France Andy, el capitán del barco arrima nuestra embarcación y abordamos. Pasamos el dia en la isla aux Cerfs.
Situuada a unos quince minutos de la orilla, esta isla es uno de los lugares más visitados de la isla Mauricio. La mayoría de los guías son unánimes : el lugar es paradisíaco pero hay que evitarlo el fin de semana !
Existe en la isla un número sin fin de agencias que le ofrecerán las mismas prestaciones turísticas para visitar este paraíso. Exocharme se distingue por su servicio relajado y personalizado.Con la finalidad de crear su propia empresa en octubre del 2006, Juanita se atrevió a infiltrarse entre la competencia con la finalidad de juntar : « Me dí cuenta de que la mayoría son como fábricas de turístas, que se van a una hora, se meten a nadar a una hora, comen a una hora, todo es cronometrado y los prestadores de servicio solo miran el reloj y no se preocupan por la calidad que hay que brindar a los clientes».
Apenas desembarcados, France nos dá cita en dos horas. Las chicas nos acompañan y decidimos dejar el desembarcadero atiborrado por tanta gente, sobretodo familias. El agua es translúcida. A pesar de tanta gente, es dificil resistir a la tentación de visitar este lugar. Hay solamente un golf en toda la isla y dos restaurantes. Pero decidimos ir en búsqueda de un lugar aislado. Para nuestra gran sorpresa, a solamente algunos muinútos, encontrámos la tierra prometida : una serie de playas practicamente desiertas, arena blanca y fina, y una laguna turqueza.
La hora de comer ha llegado y nos encontramos nuevamente con France, sin saber hacia donde nos dirigimos. La embarcación rodea practicamente la isla.
« Es aquí », indica Juanita señalando una cala descierta y rodeada de vegetación. En un dos por tres, Juanita, Jess y France instalan mesas y sillas para comer una carne asada. El capitán se pone a asar la comida mientras que nuestros guías nos acompañan, disfrutando del aperitivo.
« En ocasiones, nos aislamos para dejar a los clientes savorear de su día. Si hay buena virba con ellos, entonces compartímos la comida todos juntos. Todo depende de la personalidad de cada uno », nos dice Jess, mientras que abre una botella de vino rosado.
En el menú : asados de pescado, pollo, salchichas, y lo mejor, langosta. Una delicia. Y como postre, France nos propone piña. El pic nic dura practicamente toda la tarde. Después de algunas copas, no vemos el tiempo pasar. Pero son las 5 de la tarde, y ya es hora de regresar.
Texto y fotos : Laurène Mazier