Cada año, los fieles tamules festejan el « Thaipoosam Cavadee » en honor al Señor Muruga. Se trata de una celebración festiva con desfiles de carros floridos, y algunos fieles, según la tradición, se perforan la piel con agujas de plata.
La celebración se lleva a cabo bajo un sol fuerte de verano, el asfalto casi quema los piés descalzos de Kessen. En sus hombros lleva una carga un poco extraña : el « cavadee ». Se trata de un pequeño altar elaborado con flores, finamente decorado, estibadas con madera. En esta decoración, se distingue la efigie de la divinidad Muruga
Dando el ejemplo al resto de la comunidad tamúl, el jóven emprende la procesión que caracteriza la celebración de "Thaipoosam Cavadee", en honor a Muruga. Este acontecimiento se celebra en enero o en febrero, según un calendario específico.
Sus compañeros de viaje le rocían agua para refrescarlo durante todos los kilómetros que va a recorrer hasta llegar al templo, donde se reunirán todos.
Como en las celebraciones pasadas, la circulación en la ciudad es más fluída. Los automobilistas que en general invaden las arterias de la ciudad, son raros. En lugar de carros, se ven peregrinos vestidos de trajes tradicionales – saris y vestidos largos, todo bajo una armonía magnífica que le da cierto colorido a las calles de la ciudad.
El desfile es espectácular. Se distinguen los « cavadee » con su vestimentaria. « Me tardé tres horas en preparar todo » nos comenta Kessen. El vive en Port-Louis y nos comenta que compró las flores el día anterior, en la ciudad de Moka, a unos veinte kilómetros de allí. En las guirlandas se pueden ver algunos limones y otros cítricos que decoran y que dan más color a los arreglos florales.
Los « cavadee », son de todos los tamaños, pueden ser ligeros o pesados, individuales o colectivos, cargados por varias personas. Pero todos buscan distinguirse por su belleza. En general son rectangulares, o en forma de arco o círculo, algunos cuentan con un estilo y forma muy especial, por ejemplo : pavorreales, decorados con elegantes plumas de pájaros.
Vestidos con ropas tradicionales, los portadores de los « cavadee » llaman también mucho la atención. Se decoran la espalda el torso, los brazos y la frente con motivos florales. Se decoran con los « vels », que son agujas muy finas de plata, y que se doblan en el cuerpo. Otros se pican con ellas en la lengua o en los cachetes.
Los portadores se hacen implantar las « vels.» durante las celebraciones matinales, se las ponen en el templo antes de comenzar la peregrinación. Después de haber hecho sus abluciones, los devotos llegan por la mañana al rededor de las 7hrs a este lugar, para llevar a cabo los rituales de oración que preceden la procesión. Es el término de un ayuno que han llevado durante diez días, y durante los cuales solo comían comidas sencillas y vegetarianas.
Los fieles traen ofrendas de frutas, plátanos, cocos, flores o simplemente ramitas de incienso y de leche. Uno por uno, proceden delante de una representación de Muruga, y un sacerdote lo va rociando de la leche que han aportdo los fieles. Poco a poco el templo se va llenando de gente. «Preevemos una centena de "cavadees" durante todo el día» nos explica uno de los responsables del Madurai Mariamen, que es uno de los templos en Port-Louis, mientras que las carrozas floreadas invaden el patio.
El ambiente es agradable, se escucha el tintineo de las campanillas, y se desprende un aire espesado por el perfume del incienso. Algunos turistas circulan en medio de la muchedumbre. Todo el mundo puede acceder al templo, la única condición es descalzarse antes de pisar el lugar.
La procesión comienza al rededor de las 10 a.m. Esta conduce a otros fieles a otro templo, y se reúnen con otros grupos para llevar a cabo la gran reunión de oración. Al final, uno se reúne con su familia, en su casa, y continúan la celebración.
Y en lo que se refiere al « cavadee », parece ser tan efímero como las flores que lo componen. Después de las ceremonias, el propietario deshace las guirnaldas. Algunos las dejan en los ríos, para que se las lleva la corriente, emprendiendo un último viaje.
Textos y fotos : William Rasoanaivo
Enero del 2008