Durante aproximadamente veinte kilómetros, el camino del sur se encuentra a orillas de la costa. Las playas son magníficas y los paisajes inolvidables. Son el lugar ideal para flojear y descansar. ¡Tendrá la garantía de que todo será placer !
Al nivel de la bifurcación que conduce al macizo del Morne Brabant, el viajador que continúa su camino hacia el sur, se va alejando poco a poco de las costas, que sin duda son hermosas, pero que se encuentran rodeadas de habitaciones y construcciones que abarcan todo el litoral.
Poco a poco el trayecto se va volviendo un poco más salvaje, el camino está menos estructurado, la vegetación también cambia con plantas amarillentas, debido al exceso de sol. De repente, después de una curba, el mar hace nuevamente su aparición con un azúl aún más brilloso y esplendoroso.
El camino comienza a mejorar, se vuelve pavimentado, y poco a poco nos acercamos de los rios, el mar nos refleja sus colores encantadores. Azúl turqueza y cada vez más claro conforme nos acercamos de la playa, casi transparente, en un amalgama de verte y azúl muy cristalinos.
Las playas llenas de pinos de Australia, o "filaos" se extienden a lo lejos. En el mar, se observan algunas embarcaciones de pesca artesanal que se mueven al ritmo de las olas, cerca de las pequeñas aglomeraciones. A lo lejos, se observan playas practicamente desiertas.
De la Punta Corail de la Prairie, a la playa de Gris Gris, pasando por la de Condé, Bel Ombre, Rivière des Galets, St Félix, Pomponette, Riambel, Surinam et Souillac, los paisajes nos cortan la respiración.
El agua parece encontrarse al mismo nivel que la carretera. Los manglares se dejan ver de ambos lados del camino. De vez en cuando, son las rocas volcánicas las que nos dan el espectáculo en el paisaje.
El viajero se encuentra "encerrado" por ambos lados, de un lado el acantilado brusco y por el otro lado el mar, que a lo lejos, se confunde con el cielo. En ciertos lugares, se descubren pequeñas bahías miniaturas que lo invitarán a nadar. Aquí, no encontrará a nadie que moleste. Sin embargo, es importante tener cuidado, ya que se encuentran algunos bloques de corales que bloquean el fondo marino.
En otros lugares, como en Saint-Félix, la playa es muy extensa y bien acondicionada. Cuenta con un estacionamiento que puede recibir hasta cincuenta autos y áreas de pic nic. En esta parte de la isla, la Beach Authority determinó nueve playas públicas, todas hermosas.
La de Gris-Gris es muy famosa. La gente viene para admirar desde lo alto del acantilado,a las olas agitadas, que se rompen en las rocas. Lejos de este tumulto, bajo las rocas, encontrará un lugar tranquilo, protegido gracias a la barrera de coral, con arena blanca. Los pescadores de langosta preparan sus nasas en búsqueda de nuevas capturas.
No muy lejos de allí, mirando hacia el este, se encuentra la « roca que llora ». Las olas que rompen estallan contra la pared rocosa. El agua que cae de este rompimiento, es lo que le dió el nombre al lugar.
El camino se desprende de la playa para perderse en el interior de la tierra, dejando atrás, los paisajes magníficos, arruyados por el viento marino y el ruído de las olas. El camino volverá a encontrar al mar a alturas del Mahébourg, en el este de la isla.
Autor & fotos : William Rasoanaivo
Diciembre 2007